un café limpio

Escuchaba y leía a los profesionales describir un buen café primero como “limpio”. ¿Limpio? ¡Cómo que limpio! ¿Eso significa que también existen cafés sucios? Era nueva en el patio cafetero y yo quería conocer cafés con SABOR A… Un momento “¿Carolina, dónde aprendiste que hay cafés con “sabor a”?  Un café tiene NOTAS A… Es diferente. El caso es que sí, yo durante mucho tiempo soñaba encontrarme cafés con sabor a chocolate, a caramelo, a azúcar moreno, a especias, a nueces, a frutas, a flores… Limpios no.

Ahora que conozco los defectos de los granos verdes y sus enfermedades, los fallos y deficiencias del tostado o la dejadez y el desconocimiento de muchos baristas haciendo café yo también quiero conocer a los buenos chicos del barrio. A los cafés limpios. Un café limpio es un café de calidad, más sano, libre también de carbón y humos.

Y luego después de asegurarme que son “limpios”, me encanta encontrarlos sabrosos, equilibrados, delicados, complejos, brillantes, exóticos… Y de momento eso del sabor ha pasado a un lejano plano.

Sencillamete si nos apetece un café con “sabor a” se consigue facilmente añadiendo siropes de aroma, como bien saben en las cafeterías.

El café es un fruto y existen muchas variedades y también variables en su producción. Ahora ya sé que un café no tiene UN sabor, tiene un perfil de cata con notas muy complejas. 

Yo ya tengo claro que el café sabe a café. Que todos son diferentes, pero no son golosinas con sabores a piña, melocotón o fresa. Y que el mismo café no siempre sabe igual, no es un producto industrial de sabor estandarizado. El sabor del buen café siempre tiene un margen impredecible y rebelde. Y eso nos gusta.



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