Te estás preguntando ¿Y a mí qué café me gusta? Normalmente nos gusta lo que conocemos. Al menos en Europa la tradición son cafés oscuros y amargos que la mayoría bebe con leche y azúcar.

Pero se me olvidó cuando vino mi hermana de visita. Se me olvidó que mi hermana no es cafetera pero ese es el tipo de café que conoce. Pensé que podía tentarla con los cafés con los que ahora me trato. Y a la hora de elegir qué café la iba a dar a probar sencillamente pensé “es como yo, abonada de toda la vida al té verde”. Así que me fui flechada a por café de aromas florales. Estaba segura de que le encantaría.

Después del desayuno, entre risas y expectación abrí el paquete y me recorrió un escalofrío. Habíamos comprado un café tostado claro. Pero este era un tostado muy, muy claro. Un tostado originario de los países del hielo.

Y se me heló la sonrisa. A ver, tengo a la sister frita con información de lo que es un buen café. Y cuando por fin tengo la oportunidad de hacerle una demostración en vivo y en directo, la única prueba que tenía de lo que es un buen café era este tostado claro amenazando sabores vegetales, metálicos y ácidos. Pero de pronto empecé a notar mariposas. Era la primera vez que tenía en mis manos un tostado tan claro. La etiqueta decía “dulce y afrutado”, los granos eran de un tamaño homogéneo y la superficie bastante tersa, signo de un buen tostado. “Carolina, fuera prejuicios, haz café y sal de dudas”.

Me aseguré una infusión que extrajera el máximo dulzor que un nórdico puede prometer. La sister divertida no daba crédito a tanta expectación. Según ella era sólo un café. Para nosotros, era un tueste inusual, al que teníamos ganas de conocer hace tiempo. Stefan y yo lo probamos primero. Nos miramos y sonreímos “¡Qué rico!”

No era un rico de la liga de los “interesantes” que sólo disfrutamos los metidos en harinas cafeteras y que no te atreves a sacar de paseo porque le salen a relucir los complejos. Estaba segura de que este café no podía tener ningún complejo. Por supuesto, hacía gala de matices muy de la tierra, vegetales y florales pero increíblemente también era dulce, era abrazador, sedoso y delicado. Un encanto. Le serví feliz una taza a mi hermana.

-¿Te gusta?. Silencio. Lo vuelve a probar. Me mira y pone carita.- ¿No te gusta?. Bebe de nuevo.

Si me dan este café en una cafetería pensaría que le pasa algo.

– ¿Qué es lo que le pasa?

– No sabe a café. Bueno sí sabe a café, pero no sabe como sabe siempre el café.

Y tenía razón. Este café recuerda a las infusiones de plantas y flores no al café, para mi hermana seguro que le faltaba cuerpo. Seguró que pensó que era “aguachirri”, como decimos en España.

Al rato decidió que era raro pero estaba bueno. ¿Lo decía para alegrarme o era verdad?. En ese momento me di cuenta que así empecé yo también a beber los nuevos cafés, comparándolos con la idea que yo tenía de lo que es un café. No comparaba los cafés con mi amor por el té verde y las infusiones.

Me dí cuenta también, aliviada, que la sister bebe el café sin leche. Un rtostado rubio afrutado y floral como este, con leche, hubiera sido definitivamente una ruinosa experiencia.

¿Sabes ya qué cafés te van a gustar? Te doy una pista, si estás acostumbrado al café con cuerpo y oscuro o bebes el café con mucha leche la respuesta es cafés con perfiles de sabor a avellana, chocolate, caramelo, vainilla o canela.

Los tostados claros y los cafés con perfiles de sabor florales y frutas cítricas, aún bien tostados, dulces y sedosos, a un español le van a parecer eso aguachirri. Y a un alemán también, aunque no conozca la palabra